Algo hay que hacer (pero no cualquier cosa)

Por: Carolina Martínez Elebi

Compartir:

Algunas reflexiones sobre las prohibiciones de redes sociales para menores.

Hola, ¿cómo estás? ☺️ Empecé a pensar este correo hace meses, pero no logro ordenar las palabras y sentarme a escribirlo como quisiera, así que saldrá lo que tenga que salir. El tema de las plataformas, la niñez y la adolescencia es un tema que me interpela y me interesa pensarlo hace años (y cada vez parece más urgente resolverlo).

En noviembre de 2020 escribí un correo al que llamé “Creciendo entre pantallas y likes” para empezar a pensar en lo que en ese momento empezaba a verse con preocupación, producto de la pandemia: la exposición desenfrenada de los más chicos al consumo (o la interacción) de videos, videojuegos o redes sociales (en plataformas) en soledad.

En ese momento, el foco de mi análisis estaba puesto principalmente en lo que estaba pasando en cada hogar (y en cada escuela) y apenas mencionaba el problema de la recolección de datos y la afectación de la privacidad por parte de las empresas tecnológicas.

Este es un intento de retomar esta problemática y seguir pensándolo un poco más. El tema es complejo y tiene muchas aristas, así que acá vamos.


Como probablemente ya sabés, en diciembre de 2025 empezó a regir en Australia una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años. Plataformas como Instagram, TikTok, Facebook, YouTube, Snapchat, X y Reddit deben bloquear a estos usuarios o enfrentar multas de casi 50 millones de dólares australianos.

Otros países como Brasil, Dinamarca, Reino Unido, España y Francia plantean agendas similares, agregando la restricción del uso de celulares en las escuelas. En la región, países como Colombia, Ecuador, Uruguay, y Panamá –entre otros– empiezan a debatirlo. En Argentina, hay un proyecto de ley en la Provincia de Buenos Aires que va en el mismo sentido de la restricción del uso.

❓¿Por qué se está planteando la prohibición? Porque, aunque son espacios que pueden facilitar la socialización –no tenemos que olvidarnos de esto y de su importancia en el desarrollo, sobre todo, en la adolescencia–, hace tiempo que se las empezó a señalar como responsables de causar problemas de salud mental como ansiedad y malestar en las personas jóvenes (incluso en personas de hasta 35 años).

A comienzos de febrero, la Comisión Europea publicó una nota en la que informa que considera “preliminarmente” que “el diseño adictivo de TikTok infringe la Ley de Servicios Digitales”.

La investigación de la Comisión indica preliminarmente que TikTok no evaluó adecuadamente cómo estas funciones adictivas podrían dañar el bienestar físico y mental de sus usuarios, incluidos menores y adultos vulnerables.

Por ejemplo, al recompensar constantemente a los usuarios con contenido nuevo, ciertas características de diseño de TikTok fomentan la necesidad de seguir navegando y activan el modo “piloto automático”. Investigaciones científicas demuestran que esto puede provocar comportamientos compulsivos y reducir el autocontrol de los usuarios.

Además, en su evaluación, TikTok no tuvo en cuenta indicadores importantes del uso compulsivo de la aplicación, como el tiempo que los menores pasan en TikTok por la noche, la frecuencia con la que los usuarios abren la aplicación y otros indicadores potenciales.

De hecho, en estos momentos, se está llevando adelante un juicio que puso a Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), ante un jurado de Los Ángeles en un proceso civil que también apunta contra YouTube. Se acusa a estas plataformas de ser adictivas y “dañar la salud mental durante la infancia”.

‼️ Este es el nuevo foco de esta problemática: Se intenta determinar si estas aplicaciones se diseñaron para ser adictivas. Es decir que no se apunta sobre los usos individuales que les están dando los menores sino en el propio diseño de las plataformas:

  • Scroll infinito: Elimina los puntos de pausa naturales, permitiendo el consumo continuo sin interrupciones.
  • Algoritmos de recomendación personalizada: Analizan comportamientos para mostrar contenido que maximiza el interés y la retención, creando burbujas de contenido.
  • Recompensas variables (Likes/Comentarios): La incertidumbre de cuándo llegará la próxima interacción positiva activa los centros de recompensa del cerebro.
  • Notificaciones Push: Diseñadas para interrumpir y reenganchar al usuario mediante la curiosidad.
  • Videos de reproducción automática (el autoplay): Comienzan el siguiente contenido inmediatamente, reduciendo el esfuerzo de decisión (esto va en el mismo sentido que el scroll infinito).
  • Validación social constante: Funciones que fomentan la necesidad de aprobación (likes, seguidores).
  • Publicidad comportamental: Un bombardeo permanente y sostenido de publicidad segmentada y basada en las conductas.

Sin embargo, la discusión en torno a la problemática y a los intentos de soluciones propuestos apunta en varias direcciones y presenta enfoques muy variados dependiendo de quién lo analice. Y esto tiene todo el sentido del mundo: el problema es realmente de una enorme complejidad y no puede resolverse de un tirón y con una simple prohibición declarada por ley.

Por un lado, se plantea que la prohibición es insuficiente porque no ataca el problema de fondo que tiene que ver con el diseño de las plataformas y su modelo de negocio. Cuando los adolescentes cumplen 16 irían a usar las mismas plataformas que estamos diciendo que producen ansiedad y están diseñadas para desarrollar adicción. ¿Qué solucionamos, entonces? 🤷🏻‍♀️ Como dice Vladimir Cortés de Digital Action: “El peligro no expira cuando el usuario cumple 16 años”.

Por otro lado, yendo a la misma palabra “adicción”, son varios los especialistas que ponen en duda este término y piden cautela al referirse tan livianamente a palabras y conceptos que remiten a diagnósticos clínicos ya que hacen falta estudios más rigurosos y evidencia, sobre todo en nuestra región donde no tenemos datos precisos que nos permitan asegurar eso con tanta certeza. Hace unos días, en un conversatorio que me tocó moderar, Javier José Pallero se refería la importancia de pensar qué palabras usamos para hablar de ciertos temas, sobre todo por lo que puede significar después, a la hora de tomar decisiones y medidas para abordar el problema.

Otro de los problemas, no menor, es el de la verificación de edad (y, en muchos casos, de identidad) que debería implementarse para poder hacer efectiva la prohibición que intenta plantearse desde la regulación. Esto, por supuesto, afectando gravemente la privacidad de todas las personas usuarias de esas plataformas.

De hecho, en este contexto de pensar y debatir normativas para abordar esta problemática, es necesario destacar a Brasil y su Ley 15.211 —Estatuto Digital de la Niñez y la Adolescencia, también conocido como ECA Digital—, sancionada en septiembre de 2025, un marco integral diseñado no en torno a prohibiciones, sino a la responsabilidad, la seguridad desde el diseño y los derechos humanos.

Vladimir la explica así:

En lugar de preguntarse si los niños deben estar en línea, se pregunta cómo deben diseñarse los entornos digitales cuando los niños están —inevitablemente— presentes, desde plataformas de video y aplicaciones de mensajería hasta juegos y redes sociales. El estatuto se aplica no solo a los servicios dirigidos a menores, sino a cualquier producto digital al que puedan acceder. Su principio fundamental es claro: el interés superior del niño debe integrarse desde las primeras etapas del diseño y la operación tecnológica.

Este enfoque no es radical. Refleja las normas internacionales de derechos humanos de larga data, en particular la Observación General n.º 25 del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que afirma que los derechos del niño se aplican plenamente en el entorno digital. Esto incluye no solo el derecho a la protección contra daños, sino también los derechos a la información, la participación, la expresión y el desarrollo.

El marco brasileño traduce estos principios en normas concretas: las plataformas deben adoptar la configuración de privacidad más segura por defecto y deben evaluar y mitigar los riesgos asociados a los sistemas de recomendación algorítmica, las características de diseño adictivas y la exposición a contenido dañino. Además, la elaboración de perfiles infantiles con fines comerciales está estrictamente restringida. Las llamadas “cajas de botín” en los juegos dirigidos a menores están prohibidas. El diseño adaptado a la edad ya no es una decisión ética voluntaria, sino una obligación legal.

Sería interesante –y necesario– que los países de la región que están empezando a debatir para regular, miren un poco más a las experiencias y debates en nuestro propio continente.


Regular lo que hay y diseñar otras experiencias

Si las plataformas están diseñadas para capturar atención y convertirla en consumo, la respuesta no puede limitarse a pedir más autocontrol individual.

Hace falta regular lo que ya existe y, al mismo tiempo, diseñar otras experiencias en el entorno digital. Regular implica establecer límites claros a modelos que promueven dinámicas adictivas, especialmente cuando afectan a niños, niñas y adolescentes. Pero el problema no es exclusivo de las infancias. Los mismos mecanismos que organizan la experiencia digital impactan también en la vida adulta: en el tiempo disponible, en la concentración, en los vínculos y en la forma en que participamos en la esfera pública.

Por eso, el rediseño no debería pensarse solo como una excepción para menores de edad, sino como una transformación más amplia de los entornos digitales que habitamos. Las tecnologías no son neutras. Se diseñan. Y si se diseñan, pueden diseñarse de otra manera.

❓ La pregunta es qué tipo de plataformas estamos dispuestos a permitir y a construir para el conjunto de la sociedad.


Una reflexión extra

✨ Hace algunos días, uno de mis hijos quería buscar información sobre algo que le dio curiosidad y lo ayudé a buscar esa información en la compu. Le expliqué la diferencia entre lo que el “motor de respuesta” de Google –con su IA generativa– le devolvía y la diferencia con elegir la fuente entre los links que le devolvía el “motor de búsqueda”. Básicamente, le expliqué la diferencia entre lo que la IA generativa le escribe como respuesta y entrar a un link (o a varios) e ir eligiendo y comparando.

Entramos a Wikipedia y le expliqué lo que era. Me preguntó si él podía hacerse un usuario ahí para poder editar alguna publicación y empezamos a hablar de eso. Me pareció que esta podía ser otra forma interesante de participar de otro rincón del entorno digital.

Insisto por acá con algo que digo en varios otros espacios: No nos olvidemos que Internet es mucho más que las plataformas de las big tech.


Impacto de la IA en el tráfico y la sostenibilidad del periodismo online

Sobre este tema, comparto este reporte que Laura Marajofsky realizó para la Diplomatura de la UNSAM y que muy generosamente cedió para publicar en DHyTecno.

En su informe [que se puede leer por acá], Laura plantea que el avance de los sistemas de inteligencia artificial generativa —como ChatGPT y los resúmenes automáticos en buscadores— está alterando profundamente la economía del periodismo digital al reducir el tráfico hacia los sitios de noticias.

Al responder directamente a las consultas de los usuarios, estas herramientas intermedian el acceso a la información y disminuyen los clics en los medios, lo que agrava una crisis que ya venía marcada por cambios en los hábitos de consumo, la caída del tráfico desde redes sociales y el debilitamiento del modelo publicitario.

Frente a este escenario, el texto sostiene que el futuro del periodismo podría depender cada vez más de contenidos originales, voces distintivas, vínculos directos con las audiencias y estrategias de diversificación que permitan sostener el trabajo periodístico en un entorno dominado por plataformas y sistemas de IA.

📰 Sobre el paso del “motor de búsqueda” al “motor de respuesta” escribí esto hace unos meses.

📚 Lecturas que te pueden interesar

  • Dark Web, Tor y el anonimato como límite a las Big Tech. Por Juan Brodersen.El mito de la Dark Web. Tor como barrera al «capitalismo de vigilancia» de las Big Tech. Por qué el anonimato es hoy un acto de resistencia.
  • Escribí esta columna para La Silla Vacía (Colombia): Repensar la ciudadanía digital desde América Latina.Los discursos individualistas y meritocráticos de la derecha se apoyan en las infraestructuras de las plataformas digitales, que se alimentan de la fragmentación social y la reproducen. Frente a este escenario, una ciudadanía digital robusta no solo utiliza las tecnologías, sino que también reclama participar en las decisiones sobre su diseño, implementación y evaluación.
  • A favor de la intimidad. Por Ingrid Sarchman.A 25 años del estreno argentino de Gran Hermano, la diferencia entre lo público y lo privado, entre el ámbito social y el íntimo, se disolvió sobre las nuevas posibilidades tecnológicas y una noción de intimidad signada por la exhibición.

Espero te haya resultado interesante este correo (o post). Cualquier cosa, podés escribirme. ¡Que tengas un lindo mes!
Gracias por estar ahí.
Carolina

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Filtros

Telegram Sumate a nuestro canal de Telegram