La vuelta al teléfono fijo y despertador en la lucha contra la demanda permanente.
La demanda permanente
Hace unos días, en medio de una charla con uno de mis hijos, él me planteó la pregunta -en formato de presentación formal de reclamo, como si yo fuera un libro de quejas- de por qué “los adultos” tienen todo el tiempo el celular y “lo pueden usar cuando quieren” y él no puede tener uno.
Después de la explicación de por qué él no puede todavía tener uno propio, le reconocí que la gran mayoría de las veces los adultos no usamos el celular “cuando queremos”. Le dije que la mayoría de las veces “tenemos que tenerlo cerca” por si “alguien” intenta comunicarse con nosotros, ya sea la familia o compañeros de trabajo. Me cuestionó ese “TENEMOS QUE”. Me dijo “¿por qué TIENEN que hacerlo, incluso en vacaciones? Eso no está bien”.
Claro que le dije que tiene razón y me dejó pensando en algo que en los últimos meses vengo escuchando de otras personas (por ejemplo, Tamara Tenembaum -que les dejo la entrevista más abajo- y Martín Kohan, en una conversación con Sebastián Davidosky, que pueden ver aquí 🎬): el problema es la demanda permanente.
Y le dije… “es que el celular es una trampa”.
Claro que esta demanda no es CULPA de la tecnología. Los dispositivos móviles que llevamos para todos lados y conexión a internet en casi todos lados habilita que esto pase, pero podríamos decidir no hacerlo (¿podríamos?). Sin embargo, la tendencia del ser humano es a optimizar sus recursos y, si podemos tener todo en el mismo lugar y acceder en cualquier momento, es muy probable que así lo hagamos.
Así fue como pasamos de tener todas las tecnologías separadas (la cámara de fotos, el teléfono, el televisor, la radio, los libros, los discos, el despertador, las cartas) a tener todo junto en un mismo aparato que llevamos en nuestros bolsillos o, incluso, en las muñecas, como es el caso de quienes usan los relojes hasta para responder un mensajito de WhatsApp 🤯.
Entonces, así, yendo de un lado al otro, y siendo “encontrables” en cualquier momento y lugar, recibir y enviar mensajes se puede hacer casi en simultáneo con cualquier otra cosa. En lugar del “aquí y ahora”, “hacer una cosa a la vez”, enfocar y dejar las respuestas de mensajes “para después”, recibimos la demanda y la respondemos. No filtramos entre qué es urgente, qué es importante, qué puede esperar. Ni quienes están del lado de mandar el mensaje, ni quienes lo reciben.
La escala de locura y ansiedad a la que hemos llegado es SOCIAL. Así que tenemos que resolverlo en sociedad.
Les dejo esta reflexión en forma de literatura:
🤔 ¿Qué diría Cortázar de los smartwatch (o relojes “inteligentes”)? 👇
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar. En «Historias de cronopios y de famas», 1962.
Quizás es por la propia saturación que este nivel de convergencia nos fue generando, que en el último tiempo se empieza a ver que cada vez más personas recurren a la experiencia analógica y, podríamos decir, de consumo divergente:
Cámaras de foto tipo Polaroids o la impresión de fotografías, libros en papel, discos en vinilo y CDs, juegos de mesa, relojes mecánicos, relojes despertadores en las mesas de luz, teléfonos celulares básicos (los “dumb phone”) y hasta teléfonos fijos para poder volver a tener conversaciones sincrónicas, 1 a 1, y sin tener que recurrir al teléfono de algún familiar o a pedir uno propio ❤️. Además, de esta manera, llamar por teléfono vuelve a ser llamar a un lugar y no directo a la persona. ¿Se acuerdan cuando te llamaban a tu casa y, si no estaban, no podían encontrarte? ¡Qué épocas! Me acuerdo perfectamente de, cuando era chica, llegar a mi casa e ir a ver si había mensajes en el contestador automático y darle “play”.
Desinstalar WhatsApp
Hace un par de días hablaba con mi amigo Juan sobre los desafíos para organizar la rutina diaria de trabajo y vida familiar, no solo por el flagelo del pluriempleo que nos fragmenta la cabeza, sino por las redes sociales. ¿Por qué por las redes? En nuestros casos puntuales, porque muchas veces el uso de las redes se confunde bastante con el trabajo (otro problema más de la época).
En mi caso, hay redes (como Instagram) que no usaría, pero muchas veces es donde encuentro -o desde donde me llega- información o contactos (personas que en lugar de mandarme un mail, me escriben por las mensajerías privadas de las distintas plataformas). En el caso de Juan, porque es en alguna de esas plataformas (X o Reddit) donde se informa y donde identifica luego a fuentes para sus propias notas.
En nuestra conversación, Juan se preguntó -y me trasladó la inquietud- si esta no será solo una sensación que tenemos, una creencia que nos auto-impusimos, y que en realidad nos mal-acostumbramos a algo que deberíamos poder cambiar sin sufrir demasiadas consecuencias.
Al rato de nuestra conversación -que, por cierto, fue por WhatsApp-, me encontré con este reel de Emi Pizarro sobre la desconexión digital en donde cita el caso de Juan Manuel, de 46 años, que tomó la decisión de desinstalar WhatsApp hace 1 año y medio y que le contó su experiencia.
Emilse dice: “Esto sinceró sus vínculos y lo liberó de la presión que le generaban las notificaciones y el tener que contestar todo el tiempo. Nos olvidamos de que hay alternativas.”
El derecho a la desconexión digital
Más allá de las decisiones individuales que estemos dispuestos y que tengamos la posibilidad real de tomar, el derecho a la desconexión digital en Argentina está garantizado por la Ley 27.555 de Régimen Legal del Contrato de Teletrabajo, que fue sancionada en julio de 2020, en medio de la pandemia de coronavirus. Este es uno de los derechos que está en riesgo debido a las intenciones del Gobierno -y de legisladores de La Libertad Avanza- de derogar esta ley a partir de su proyecto de reforma laboral.
La propuesta aparece en el Título XXVI, donde se plantea que el trabajo remoto deje de tener un régimen específico y pase a regirse únicamente por la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) reformada.
¿Cuáles son los derechos y obligaciones que dejarían de estar protegidos y garantizados?
- Derecho a la desconexión digital.
- Reversibilidad, es decir, la posibilidad del trabajador de volver al trabajo presencial.
- Provisión obligatoria de equipos y herramientas por parte del empleador.
- Compensación de gastos por uso de servicios y conectividad.
La modalidad quedaría sujeta únicamente a acuerdos entre empleador y trabajador, sin estándares mínimos sectoriales o generales.
Por su parte, la oposición, de la mano de la diputada por Unión por la Patria, Vanesa Siley, presentó en abril de 2024 un proyecto de ley para incorporar el derecho a la desconexión digital a la Ley 11.544, sobre la jornada de trabajo. Esto dice el artículo del proyecto:
“ARTÍCULO 3° — Desconexión digital. Las personas trabajadoras tendrán derecho a la desconexión digital, entendido como la limitación de la disponibilidad de la persona trabajadora en horarios que excedan la jornada laboral a través de dispositivos digitales y/o tecnologías de la información y comunicación, a fin de garantizar el pleno ejercicio de su tiempo de descanso, así como el goce de las licencias previstas por la ley, no pudiendo ser sancionadas por hacer uso de este derecho, ni premiadas por no hacerlo. El empleador no podrá exigir a la persona que trabaja la realización de tareas, ni remitirle comunicaciones, por ningún medio, fuera de la jornada laboral, salvo razones de urgencia previamente determinadas.
Las modalidades de ejercicio de este derecho atenderán al tipo de actividad y la naturaleza de la relación laboral, debiendo establecerse dichas condiciones por la vía de la negociación colectiva.
El empleador deberá elaborar una política interna dirigida a las personas trabajadoras, incluidas quienes ocupen puestos directivos, en la que definirá pautas y acciones de formación y de sensibilización del personal sobre un uso razonable de las herramientas tecnológicas que eviten el riesgo de fatiga informática.”
Sabemos que el contexto actual no da margen para ilusiones de avance de derechos -sino todo lo contrario- y que hay demasiados frentes abiertos. Sin embargo, creo -quizás desde un optimismo ingenuo- que si no bajamos los brazos, podemos afrontar cada una de las peleas que nos toquen dar. Y esta es una más.
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- Diversidad cultural bajo asedio algorítmico: folklorización, silenciamiento y colonización de nuestros patrimonios culturales.
Las historias que contamos, los idiomas que preservamos, las comunidades que visibilizamos y cómo las representamos, son elementos de la vida cultural que hoy se ven condicionadas por las lógicas de diseño y entrenamiento de los grandes sistemas de inteligencia artificial. En un contexto en el que el desarrollo y despliegue de estas tecnologías se produce bajo hegemonías culturales definidas por unos pocos actores, principalmente del Norte global, surgen interrogantes urgentes sobre su impacto en la conservación del patrimonio cultural en toda su diversidad y en la autodeterminación cultural de comunidades del Sur Global. - GUÍA (PDF) – Cómo acompañar a adolescentes y jóvenes frente a la violencia digital
Esta guía es un recurso práctico para acompañar a adolescentes y jóvenes frente a las violencias de género en entornos digitales desde un enfoque de derechos humanos, reconociendo que las pantallas son espacios centrales de socialización pero también ámbitos donde se reproducen violencias que afectan la salud mental, la seguridad y el ejercicio de derechos, especialmente de niñas, adolescentes mujeres y personas LGBTI+.Desarrollada por Amnistía Internacional y UNFPA en Argentina, ofrece herramientas concretas para familias y personas adultas que acompañan, como señales de alarma, orientaciones para actuar ante situaciones de violencia digital, preservación de evidencias y propuestas para conversar sobre consentimiento, límites y cuidados, articulando el rol de las familias con la Educación Sexual Integral y el trabajo de escuelas, Estado y sociedad civil. - LIBRO (PDF) – Lo ancestral funciona: pasado, presente y futuro de la radio comunitaria. Editor: Ernesto Lamas.
Un libro para leer, compartir y poner en práctica: para que florezcan mil radios, mil historias y mil futuros posibles. Una invitación a viajar por las ondas invisibles de las radios comunitarias de América Latina y el mundo.“Desde las montañas del norte argentino hasta los barrios populares de Barranquilla, desde las selvas peruanas hasta las calles de México, miles de comunicadores y comunicadoras encienden cada día micrófonos para contar historias que no tienen cabida en los medios hegemónicos.No es solo radio: es memoria viva, territorio, cultura y resistencia; es la posibilidad de escuchar y ser escuchado, de hacer comunidad en tiempos de soledad hiperconectada.Lo ancestral funciona reúne voces, prácticas y reflexiones de más de cincuenta autoras y autores que piensan y hacen comunicación comunitaria desde distintos rincones y trayectorias.”
⬇️ Lo podés descargar directo por acá.
Espero te haya resultado interesante este correo (o post). Al final no fue tan cortito.
Cualquier cosa, podés escribirme. ¡Que tengas un lindo mes!
Gracias por estar ahí.
Carolina


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