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Caso Assange: Declaración de una «guerra anunciada» al periodismo y al pensamiento libre

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Validan la extradición de Julian Assange, creador y editor de Wikileaks.

«Si quien ejerce el periodismo no lucha por la libertad
de expresión y por la transparencia, pues entonces no
es periodista». Kristinn Hrafnsson editor de Wikileaks.
Entrevistado por Der SPIEGEL. Mayo de 2019

Un tribunal inglés resolvió el 20 de abril de 2022 acceder al pedido de extradición de Julian Assange efectuado por el Departamento de Justicia del Gobierno de EEUU.

Semanas después de esa decisión, el 17 de junio, la ministra del Interior del gobierno británico, Priti Patel, validó la extradición de Assange, en tanto, de acuerdo a lo que informa la prensa, dicha medida no resulta «opresiva, injusta o un abuso procesal», así como tampoco considera que «sea incompatible con sus derechos humanos, incluido el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión». Finalmente, se destacó que durante su estancia en EEUU, «será tratado apropiadamente, incluso en lo que se refiere a su salud». Si bien Assange cuenta con una última posibilidad de impugnar esa orden, las chances de que lo logre se reducen cada vez más.

Recordemos brevemente que en mayo de 2019 el gobierno de EEUU presentó ante los tribunales de Virginia una acusación contra Assange por la cual se le atribuye haber vulnerado la Ley de Espionaje de 1917 de EEUU al conspirar contra ese país facilitando la adquisición y transmisión de información clasificada relacionada con la defensa nacional y de difundirla luego públicamente a través del sitio web Wikileaks, del cual era su editor. Se lo acusa también de haber puesto en peligro la seguridad de cientos de personas que colaboran en diversos países frente a la posibilidad de que se revelase su identidad.

Eso no es todo. También se le imputa haber incitado a Chelsea Manning, una de sus principales fuentes y ex integrante del Ejército de EEUU, a obtener más de 700.000 de los citados documentos clasificados.

Semejante acusación y orden de extradición hiela la sangre a cualquiera. De hecho, la historia demuestra que este proceso judicial contra Assange es algo inaudito, sobre todo por la falta de pruebas contundentes que demuestren de forma indubitable el supuesto «riesgo» a la seguridad nacional de EEUU.

De ello dio cuenta Nils Melzer, ex Relator del Comité de la ONU contra la tortura y tratos inhumanos, quien al referirse sobre el caso de Julian Assange afirmó: «En 20 años de haber trabajado con víctimas de guerra, violencia y persecución política, jamás he visto un grupo de Estados democráticos que deliberadamente aíslen, demonisen y abusen de una persona sin respetar su dignidad».

Para intentar explicar de manera práctica y simple todas aquellas circunstancias que rodean a este caso, apuntaré algunas reflexiones sobre el caso Assange anticipando una conclusión incipiente:

Que el “poder” detesta el pensamiento libre y que a su vez le genera pavor la difusión de información de interés público. Ergo, opta por “declarar la guerra” al pensamiento crítico amenazando con encarcelar a quien lo cuestiona y, en consecuencia, impulsando la autocensura.

  1. ¿Qué contenido difundió Julian Assange a través de Wikileaks que motivó su procesamiento en EEUU?

    En 2010, Assange hizo público un video grabado desde un helicóptero de ataque de la Fuerza aérea de los Estados Unidos mientras sobrevolaba Irak en 2007 y en el que un piloto dispara desde el aire y da muerte -se dijo que por error – a varios civiles y periodistas que transitaban por la vía pública, entre ellos a un fotógrafo de la Agencia Reuters que portaba su cámara. Posteriormente, el sitio dio a conocer 90.000 documentos secretos relacionados con la guerra de Afganistán, casi 400.000 documentos secretos que alertarían sobre torturas sistemáticas de las fuerzas de EEUU en la guerra de Irak, un manual de la Armada de EEUU para los soldados de la base de Guantánamo en Cuba y 250 mil mensajes del Departamento de Estado de EEUU en los que se revelaron episodios inéditos ocurridos en los puntos más conflictivos del mundo y datos de gran relevancia que demuestran cómo actúa la política exterior norteamericana.

    Toda esta información -de sumo interés público- fue a su vez facilitada a los principales medios de prensa gráficos del mundo tales como The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde, El País de España y más tarde a otras organizaciones de medios.
  2. ¿Cuál es la misión de Wikileaks?

    Según Assange, consiste en recibir información de anónimos y periodistas censurados, publicar tal información y luego defenderse de los inevitables ataques legales y políticos. Asegura que, de forma rutinaria, los Estados y organizaciones poderosas intentan suprimir las publicaciones de WikiLeaks y, al ser editor de último recurso, afirma que WikiLeaks fue diseñada para soportar este tipo de dificultades.
  3. Crítica al periodismo tradicional. ¿Quién es hoy periodista?

    En ese sentido, Assange considera que esa labor profesional se ha desnaturalizado por cuanto entiende que los/as periodistas se han transformado en «agentes de prensa de los grupos sociales con quienes quieren congraciarse, de las fuentes, del empleado editor del periódico, y luego, de los dueños de ese grupo y, más importante aún, de la constelación política con la que el grupo está asociado. Dicho esto, los grupos necesitan representación. Tenemos esa noción clásica de lo que es el buen periodismo que se basa en que, de alguna manera, está del lado del lector, que es leal al lector y a las preguntas que el lector quiere que se formulen. Pero si en lugar de eso vemos al periodista como un vocero de las constelaciones de poder, estaremos probablemente acercándonos a la verdad acerca de cómo se comportan en realidad los periodistas».

    Visto desde otro punto de vista, Santiago O’Donnell comenta que el jefe de seguridad nacional del Departamento de Justicia de EEUU, John Demers, expuso en conferencia de prensa sobre el caso de Assange afirmando que «el Departamento toma en serio el papel de los periodistas en nuestra democracia, pero Julian Assange no es un periodista». Ante esta afirmación, se pregunta O’Donnell de forma irónica: «¿Es el Gobierno el que ahora decide quién es periodista?».

    Para despejar toda duda sobre el punto, bien vale referir a las palabras del reconocido periodista británico Glen Greenwald quien considera que Assange sí hace periodismo y, ampliando el alcance de esa profesión, agrega que «cualquier ciudadano puede revelar información de interés público». Remarcó asimismo que Assange no fue fuente sino socio periodístico de The Guardian, EL PAÍS, The New York Times y del Washington Post, destacándose en particular que estos dos últimos medios promueven explícitamente un sistema encriptado de comunicación similar al que utiliza Wikileaks para permitir que las fuentes les acerquen información confidencial manteniendo así su anonimato.
  4. Ley de espionaje y arresto. Comienzan los problemas para Assange y Wikileaks

    Al difundir aquellos documentos clasificados en 2010, Wikileaks comenzó a padecer censura gubernamental, bloqueos impuestos por diversos medios de pago que impidieron que dicha organización pudiera recibir donaciones y ataques cibernéticos.

    Posteriormente, desde 2012 hasta abril de 2019, Julian Assange estuvo asilado en la Embajada de Ecuador en Londres, Inglaterra, momento en el cual el gobierno de ese país sudamericano dejó sin efecto dicho asilo, motivando su posterior detención por la policía inglesa que derivó luego en la reciente orden de su extradición a Estados Unidos emitida por la Justicia británica.
  5. ¿Qué conclusión asoma?

    Múltiples reflexiones genera este caso. Tan solo por razones de espacio y preferencia personal, si Assange es finalmente extraditado a EEUU pues quizá sea el momento oportuno de que los Tribunales Federales de ese país repasen sus propios precedentes judiciales que tanta relevancia jurídica tienen en el sistema del common law.

    Nos referimos puntualmente al caso resuelto en 1971 por la Corte Suprema Federal en el caso «New York Times Co. v. Estados Unidos».

    En 1971, Daniel Ellsberg filtró a los diarios The New York Times y al Washington Post cuarenta y siete volúmenes de documentos clasificados sobre la Guerra de Vietnam. Fueron conocidos públicamente como los Papeles del Pentágono.

    El gobierno de EEUU accionó judicialmente contra ambos periódicos invocando el mismo argumento que utiliza ahora contra Assange: que la difusión de esos documentos implicaba generar un riesgo a la “seguridad nacional” y -¡oh, casualidad!- que la fuente de la información habría vulnerado la Ley de Espionaje de 1917 que penaliza con prisión a quien difunda información confidencial a favor “del enemigo” (sic).

    La Corte Suprema de EEUU rechazó tal demanda afirmando que era constitucional que la prensa publicase los documentos clasificados ya que el Gobierno no había probado fehacientemente que se estuviera configurando el supuesto riesgo de “seguridad nacional”, amén de que implicaría una evidente censura a la prensa.

    Si la Justicia norteamericana condena a Assange tan sólo por ejercer el derecho humano de recibir, investigar y difundir información de relevancia pública -lo cual incluye tanto a quien oficie de periodista profesional, amateur o bien a la propia fuente- generaría un efecto intimidante que conllevaría a una segura autocensura y al consecuente impedimento del público de acceder al conocimiento de hechos de trascendencia social. En palabras de Assange, esto implicaría que se configure la censura caracterizada como una pirámide en la cual su cúspide exhibiría el asesinato a periodistas y editores, seguido de la autocensura por parte de aquellos que, por temor, no desean ascender en las zonas de peligro.

    En sintonía a lo que afirma Edward Snowden, la «declaración de guerra» del gobierno de EEUU ya no afecta sólo a Assange sino que también «reprime» a todo el periodismo, al pensamiento crítico y al derecho colectivo de la sociedad a recibir información a nivel mundial. Nunca fue tan evidente advertir el temor que tiene el «poder» a que se conozcan sus secretos y a que decida «reprimir» a quien lo desafíe para intentar cubrir su debilidad ante la opinión pública.
Censura como pirámide (por Assange et al).

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