Hace varios meses me surgió este tema como idea para un correo. Me lo había propuesto para febrero, pero no llegué con el tiempo para pensarlo ni para escribirlo. No sé si a vos te pasa lo mismo, pero hace un tiempo que empecé a recordar la forma en que yo veía tele no solo durante mi infancia y mi adolescencia sino hasta hace apenas unos años.
Cuando era chica estaban los horarios en que los canales de aire pasaban dibujitos o algún programa infantil. En general era un rato por la mañana y hasta antes del noticiero y luego también por la tarde, a la hora de la merienda, cuando volvía de la escuela. Recuerdo programas como Amigovios, Chiquititas o incluso Clave de Sol, Montaña Rusa (y algunxs más jóvenes pensarán en Rebelde Way o Casi Ángeles, de los que no llegué a ser una gran televidente).
Pero la tele de aire no tenía sólo programas especiales para las infancias y adolescentes sino que también estaban las telenovelas familiares. Algunas que recuerdo de distintas épocas como Grande Pá, Mi cuñado, Gasoleros o Son amores y algunas más recientes como Graduados o 100 días para enamorarse, entre muchísimas otras (estoy nombrando diversas producciones al azar que recuerdo). En 2021, la televisión argentina cumplió 70 años y en todos esos años hubo de todo para ver.
Claro que además de los canales de aire, ya con la incorporación del cable a los hogares, el consumo de las audiencias había comenzado a diversificarse. De hecho, la penetración del cable en Argentina es de las más altas del continente, por lo que el comportamiento de las audiencias había comenzado a cambiar. Ya no era toda la familia (y todas las familias) mirando algo juntxs (quizás lo único que había para ver en ese horario en ese televisor) sino que comenzaba a fragmentarse. Mientras unas familias veían noticieros o telenovelas, otras comenzaban a experimentar con otro tipo de contenidos: canales de cocina, series extranjeras, canales de noticias extranjeros, canales infantiles, etc. Y lo mismo al interior de cada familia con la compra de cada vez más televisores en los hogares.
¿A qué voy con todo esto? A que esta tendencia siguió (sigue) profundizándose ahora con las pantallas individuales (tablets o smartphones con conexión a internet) y las plataformas de contenidos audiovisuales que siguen multiplicándose y diversificándose. De hecho, hace unas semanas, en su nota sobre la concentración de Spotify en el mercado del podcast, Pablo Fisher se preguntó: «Cuál es el límite de suscripciones que podemos pagar como usuarios.»

Entonces, además de esos hogares que describí al comienzo del correo empiezan a aparecer otros en los que comienzan a cobrar protagonismo las plataformas como YouTube, Netflix, Disney+, Star+ y Amazon Prime, en donde algunas superan el nivel de audiencias de señales de noticias y canales de aire –según los datos del Sistema de Medición de Audiencia Digital-.
Es así como las producciones locales que se emiten por televisión, tanto de ficción como de entretenimiento y periodismo, compiten diariamente con lo que estas plataformas globales ofrecen, que no es solo el contenido sino una experiencia para la persona usuaria (UX) completamente diferente. Sería algo así como que se puede ver «lo que quiera, cuando quiera, donde quiera». Dependerá de lo que ofrezcan estas plataformas, claro, del dispositivo que tengamos y de que funcione bien internet (así como tener acceso a una velocidad de conectividad digna para ver contenidos audiovisuales). No solo esto sino que, además, podemos descargar muchos de estos contenidos en nuestros dispositivos para verlos sin conexión (y, por supuesto, siguen existiendo vías alternativas para acceder a muchos de estos contenidos y muchísimos otros que no integran los catálogos de las plataformas y que, incluso, quizás tampoco ya formen parte de las grillas de señales televisivas).
Además, como escribí en el correo de septiembre sobre los algoritmos en la vida cotidiana, estas plataformas funcionan con los algoritmos de recomendación que le indican a la persona usuaria qué podría gustarle (teniendo en cuenta contenidos que ya vio y que se supone que le gustaron). En esa oportunidad me preguntaba cuál podía ser el problema de esto, si se supone que nos ahorra el paso de revisar todo un catálogo y terminar viendo algo que quizás no nos vaya a gustar. Bueno, creo que el problema es que deja cada vez menos lugar para conocer cosas nuevas, diferentes, que rompan con lo que ya vimos, escuchamos, etc. Perdemos la capacidad de descubrir.
Quizás no sea necesario aclararlo, pero quizás sí. Estas nuevas formas de consumo no son absolutas. No las realizan todas las personas, de todas las edades, de todas las ciudades, pueblos o regiones. Está claro, incluso por los mismos datos de la medición de audiencia, que todavía los canales de aire como TELEFE y EL TRECE -en Argentina- tienen una audiencia que se mantiene firme, aunque muy lejos de los históricos puntos de rating de dos cifras a los que nos habíamos acostumbrado en la lejana década del 90.
¿Qué pasa con las ficciones?
Mientras escribía esto, leí esta nota sobre el lanzamiento de «Porno y Helado», una serie que se estrena en Amazon Prime Video (dirigida por Martín Piroyansky y en la que actúa Susana Giménez). A pesar de lo que pueda parecer, esto no es un intento de hacer publicidad. En la nota, que da cuenta de esta nueva tendencia de producciones locales que ya no se estrenan en la televisión abierta, se hace mención del siguiente listado de producciones nacionales que también integran el catálogo de la plataforma del imperio de Jeff Bezos:
• El Presidente.
• La Jauría.
• Maradona: Sueño Bendito.
• Y otras que vendrán: Iosi, el Espía Arrepentido, El Fin del Amor, Sayen, La Jauría S2, Colonia Dignidad, y Noticia de un Secuestro.
Entonces, todas estas producciones que en otra época podrían haberse visto en la televisión de aire, existen y se están estrenando en plataformas de contenidos de empresas norteamericanas. ¿Qué significa esto para el escenario audiovisual local? ¿Y para las audiencias? ¿Qué ven aquellas personas que buscan ficciones en los canales de aire? ¿Qué encuentran en «la tele»?
La propuesta de ficciones de TELEFE tiene a la serie Casados con hijos en un bloque de dos horas por la mañana y el resto de las ficciones son cuatro series turcas. De hecho, según este artículo de Clarín, «Turquía pasó a ser una potencia de las telenovelas, que le provee a medio mundo. Después de los Estados Unidos, se ubica como el segundo país que más exporta ficción televisiva, según un informe que publicó el diario español El País. Alrededor de 150 series turcas se vendieron a 146 países, y se calcula que 600 millones de personas de cuatro continentes vieron al menos una». De hecho, en Argentina «el boom de las telenovelas turcas nació en 2015, cuando desembarcó en El Trece Las mil y una noches» que llegó a tener un promedio de 23 puntos de rating.
Mientras tanto, El Trece presenta una sola ficción en su grilla, La Uno, una telenovela argentina producida por Pol-ka.
La pregunta por el lugar de las ficciones argentinas no es nueva y en los últimos años se la hacen desde diversos sectores. Uno de los problemas sería la falta de presupuesto para hacer nuevas ficciones, que históricamente han sido sostenidas por el Estado a través de sus políticas para el sector audiovisual. Este problema no nació durante la pandemia, pero sí se profundizó ya que desde el sector aseguran que «murió la producción intensa porque se volvió muy caro hacer ficción» y que «hubo un par de medidas más que no ayudaron». Esto también me lleva a preguntarme por la situación de las, les y los trabajadorxs de la industria en este contexto.
Mientras tanto, las medidoras de audiencia intentan responder «¿qué estamos mirando lxs argentinxs?».
¿Cómo vemos eso que vemos?
En 2016, Editorial La Crujía publicó el libro titulado Después del fin de Mario Carlón. Uno de los artículos que integran el libro es Una reflexión sobre los debates anglosajón y latinoamericano sobre el fin de la televisión en el que cita la siguiente frase de otro libro(*) que co-escribió con Carlos Scolari:
«El siglo XX quedará en la historia como la gran época de los medios masivos, aquella en que reinaron prácticamente sin competencias y lograron una inserción única, influyendo en todos los aspectos que hacen a la vida social».
Carlón explica que tanto él, como Eliseo Verón y Elihu Katz, se incluyen entre quienes creen que cierta televisión está muriendo. Entre ellos, Verón había realizado un diagnóstico en 2009 que se centraba en 3 ejes:
1. El fin de la programación: «Los sujetos ya no tienen que ver los programas cuando la televisión los emite». Esto explicaría, también, «por qué la televisión tiene cada vez más problemas para programar la vida social».
El cambio se sitúa en los 80. La primera etapa de la televisión se caracterizaba por la «escasez» de la oferta, sumado a pocos aparatos receptores en el hogar, que obligaban al «visionado conjunto«, lo que le daba el poder a la INSTITUCIÓN EMISORA. A partir de la segunda etapa, que comienza con la televisión por cable, la tendencia fue (y sigue siendo) el aumento de la oferta y de la cantidad de dispositivos en los hogares (al punto de que cada miembro del hogar cuenta con un dispositivo propio para realizar un visionado individual).
Los otros dos ejes, sobre los que no voy a profundizar en esta oportunidad para no saturarte, son:
2. La crisis de la televisión como medio.
3. El nuevo rol del espectador.
Entonces, ¿cómo estamos viendo eso que vemos? ¿Con quiénes lo compartimos? ¿De qué manera? ¿Cómo nos vinculamos con eso que vemos? ¿Quién/es tiene/n el poder de programar la vida social hoy?
¿Quiénes pueden ver todas esas ficciones que no se están transmitiendo por televisión de aire ni de cable? ¿Qué historias son las que están llegando a los hogares? ¿Cuáles se están contando? ¿Cuáles no?
(*) El fin de los medios masivos. El comienzo de un debate. (2009)
El Estado productor (*)
Durante algunos años, hasta 2015, se reconfiguró el rol del Estado en Argentina en cuanto a su posición como productor de contenidos y como actor que disputa discurso o agenda.
Hasta el 2015 había 4 políticas para el sector audiovisual:
- La Ley de Cine (1994), con una fuerte inversión y profundizado en la primera década del 2000.
- La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (2009).
- La política de la Televisión Digital Abierta (TDA).
- La Ley Argentina Digital (2014), que habilitó las condiciones para la enorme concentración entre el mercado de las telecomunicaciones y el sector audiovisual.
En líneas generales, estas cuatro políticas tenían como eje la fuerte inversión en producción audiovisual y los beneficios para la exhibición (cuota de pantalla y los espacios INCAA). Para la implementación de estas políticas había cuatro organismos del Estado: INCAA, AFSCA, AFTIC y el Ministerio de Planificación.
Uno de los problemas que planteaba Santiago Marino con respecto a estas cuatro políticas que estuvieron vigentes hasta 2016, era la desarticulación entre las mismas. Además, en la entrevista realizada por Barricada TV a Marino, el investigador y profesor de la UBA y UNQ planteaba una pregunta que todavía no encontró respuesta o solución: «Si Argentina tiene que resolver una política convergente para un sistema convergente o si lo mejor es mantener una política divergente. Es decir, una ley para cada sector o una ley integral con diferentes mecanismos de articulación para cada uno de los sectores que en la instancia de producción y en la instancia de consumo empiezan a parecerse. No así en la instancia de regulación en Argentina».
Este escenario cambió desde 2015, que según Marino se caracterizó por la expansión del mercado y la omisión regulatoria🎬, y, al día de hoy no se volvió a esa instancia de fuerte inversión estatal en el desarrollo de ficción, y esto empieza a verse en las grillas de programación de canales locales y en la migración de estos contenidos a las plataformas globales de contenidos audiovisuales que desde hace un tiempo han comenzado a co-producir contenidos en los países donde operan.
(*) El título de este recuadro podría sonarte familiar. Efectivamente remite al título del libro de Mariana Mazzucatto, «El Estado emprendedor».
🔥 BONUS TRACK
01. Día Mundial de la Libertad de Prensa
La UNESCO organiza este evento del 2 al 4 de mayo por el Día Mundial de la Libertad de Prensa. PERIODISMO BAJO ASEDIO DIGITAL. Todavía falta pero te voy pasando la info para que vayas agendando (si te interesa, claro).
02. El algoritmo en la guerra por la información
Soledad Arréguez Manozzo escribió esta nota para la web de DHyTecno, que te invito que leas. En medio de la invasión de Rusia a Ucrania, otra guerra se libra en el escenario mundial: el de la información -y desinformación- mediada por los algoritmos de las redes sociales de las Big Tech. En medio del horror de la guerra, la ciudadanía debe contrarrestar los ataques de estas empresas tecnológicas contra el derecho a la información: buscar libremente en diversas fuentes, analizar diferentes puntos de vista, contraponer argumentos, recibir información de medios oficiales, independientes y alternativo. No sea cuestión de mirar sólo lo que el algoritmo dictamine en medio de la guerra por la información.
03. El Día de la Memoria, contra el olvido
En el marco de esta fecha, y sosteniendo la importancia de la Memoria, escribí brevemente sobre el caso de Natalia Denegri vs. Google, donde Denegri reclama precisamente lo contrario: el «derecho al olvido».
📚 Para leer
Después del fin. Una perspectiva no antropocéntrica sobre la post-tv, el post-cine y youtube, por Mario Carlón (Editoria La Crujía, 2016).
El audiovisual ampliado: políticas públicas, innovaciones de mercado y tensiones regulatorias en la industria de la televisión argentina frente a la convergencia, por Santiago Marino (Ediciones Universidad del Salvador, 2016).
Espero te haya resultado interesante este correo. Perdón por la ausencia durante los últimos meses. La vuelta a la «normalidad» postpandemia fue más vertiginosa de lo que esperaba. De a poco me iré ordenando para retomar el ritmo mensual de este correo. Como te digo siempre, cualquier información, comentario o sugerencia que tengas, podés escribirme.
¡Que tengas un lindo abril!
Gracias por estar ahí ☺️
Carolina

0 comentarios