Por: Carolina Martínez Elebi

Compartir:

«Este año ha sido el más letal para la prensa en la región desde que existe la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. Con esto, además de arrebatarnos periodistas a la sociedad, nos quitan la oportunidad de hablar de temas que permiten el debate público». – Relator Pedro Vaca (COLPIN 2022, Río de Janeiro).

En 2022 me invitaron junto a un excelente grupo de periodistas (ver foto) a participar de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (COLPIN) celebrada en Río de Janeiro, entre el 9 y el 12 de noviembre, y ahí fue donde el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pronunció esas palabras.

Durante cuatro días escuché, relatado en primera persona por sus protagonistas, las experiencias de periodistas y comunicadores que viven la persecución, la violencia, la censura, en algunos casos escapando de sus hogares, de sus países, y viviendo en la clandestinidad, para poder informar, revelar tramas oscuras del Poder y expresarse.

Algo sobre lo que se reflexionó durante esos días, además, es que los límites a la libertad de expresión no vienen solo de los casos extremos. «No son solo los homicidios», dijeron varias de las personas presentes. También están los mecanismos que van desde las amenazas a otros más sutiles: la dependencia de la pauta oficial (pero también de la privada), el pluriempleo, los conflictos de intereses, el acoso que reciben periodistas de toda la región a través de redes sociales, y la moderación de contenidos en internet por parte de las grandes plataformas digitales que deciden qué priorizar, qué invisibilizar y a quién bloquear.

El correo de este mes no será exhaustivo ni extensivo porque quiero promover la desconexión digital ofreciendo, en esta oportunidad, un contenido breve que no te robe demasiado tiempo del descanso que espero estés teniendo (si es que ya estás de vacaciones).

Lo que quiero compartir es un salpicado de algunos de los desafíos que se presentan en este nuevo año y que espero que como sociedad, cada persona desde su lugar, reforcemos las acciones para hacerles frente de la mejor manera posible.

Pienso en el rol que tenemos todas y cada una de las personas, incluyendo a quienes nos dedicamos al periodismo y la comunicación, pero sobre todo pienso en aquellas que tienen PODER desde el sector público, el sector privado, la educación, la investigación, la ciencia y la tecnología.

Estos son, desde mi humilde mirada, algunos de los temas. No están en orden de importancia:

En 2022, se conoció el dato de que la industria digital genera un 6% de las emisiones de gases del efecto invernadero. Computadoras portátiles y de escritorio, celulares, relojes inteligentes, cafeteras, consolas de videojuegos, son productos que se cambian en períodos cortos de tiempo por dispositivos más nuevos dando como resultado que los viejos se olviden rapidamente transformándose en basura electrónica.

Algunos de los problemas provocados por el actual nivel de producción y consumo de productos tecnológicos, son:

La contaminación y residuos: Aparición de elementos perjudiciales en el ambiente que afectan a los organismos vivos en una cantidad superior a la que es capaz de reducirse y absorverse de manera natural. La basura eléctrica y electrónica libera sustancias que son dañinas para el suelo y que van a las capas de agua subterráneas (metales pesados o elementos tóxicos, como plomo, mercurio, cadmio, berilio, litio, manganeso alcalino, níquel, arsénico, selenio, cromo).

Agotamiento de los recursos energéticos, naturales y de materias primas. Producto de la utilización intensa de fuentes primarias y no renovables, como la propia extracción de los metales necesarios para la producción.

Intoxicación silenciosa. A raíz de la liberación de los metales pesados o los componentes tóxicos de los desechos electrónicos, existe una serie de consecuencias perjudiciales para la salud de las personas, como pueden ser diarrea, vómitos, alteraciones pulmonares, daño a los riñones, o cáncer, todo producto de los efectos tóxicos de los componentes necesarios para producir los dispositivos que usamos día a día.

El desafío del Estado, de las empresas y de toda la sociedad es disminuir el consumo y la producción y promover las acciones de reparar, reutilizar y reciclar dispositivos electrónicos.

Los desórdenes de la información debilitan y amenazan el funcionamiento de los sistemas democráticos. Ya vimos lo que pasó durante el comienzo de la pandemia con las campañas de desinformación en contra de las vacunas. Vimos también la desinformación operada por los algoritmos en las redes sociales desde el comienzo de la invasión de Rusia a Ucrania.

El tema de la desinformación en internet no deja a nadie indiferente. El desafío es: ¿Cómo detenemos las campañas de desinformación sin atentar contra el derecho a la información y la libertad de expresión?

En sintonía con lo anterior, la moderación privada de contenidos por parte de las plataformas digitales (Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, entre otras) es un tema que preocupa y ocupa a diversos sectores. Ya sea que se bloquean cuentas de medios y periodistas, o que le bajan un contenido a un docente por violar leyes de copyright, o le suspenden la cuenta a un artista o influencer por infringir alguna de las normas de la comunidad que no quedan claras. Sobre el impacto de la moderación en el periodismoles comparto este documento que escribimos junto a Ana Laura Pérez Bertrán, para Observacom.

En los últimos meses, además, Twitter fue un protagonista diario debido a las extravagancias de Elon Musk, su nuevo dueño, que hace y deshace reglas, que decide algo y da marcha atrás, y que todo lo anuncia a través de su cuenta personal en esa red. Algunas personas comenzaron a anunciar su migración a Mastodonun tipo de red diferente (descentralizada y con servidores autogestionados).

En ese sentido, coincido con el comentario final de esta nota«No podemos obligar a Twitter a hacer nada. Tiene que haber una reinvención de su lugar en el ecosistema de internet». Así como muchos otros sitios web y redes sociales fueron perdiendo usuarixs y pasando de ser el centro de atención a quedar en los márgenes de internet, bien podría pasar lo mismo con Twitter.

El desafío será que la moderación de contenidos sea respetuosa de los derechos humanos. Como indica el punto 57 del Informe Ruggie: Los Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos, presentado en la Organización de las Naciones Unidas en 2011 (ONU, Asamblea General, Consejo de Derechos Humanos):

«La responsabilidad de las empresas de respetar los derechos humanos significa que deben evitar la infracción de los derechos de otros y abordar los efectos negativos que puedan producirse. Esta responsabilidad existe con independencia de los deberes de los Estados en materia de derechos humanos. Se aplica a todas las compañías en todas las situaciones.»

Estos tres temas, a pesar de no ser sinónimos, están conectados. La privacidad de las personas no solo va en contra de la necesidad de los Estados de controlar a su ciudadanía -que siempre es lo más evidente- sino que también va en contra de toda una industria. La industria que se basa en la recolección de los datos y en el estudio del comportamiento humano. Esa industria necesita que seamos personas cada vez menos privadas, necesita que nos mostremos y que todo lo que hagamos esté mediado por sus plataformas que pueden recolectar datos para medirlos (medirnos), y estudiar nuestro comportamiento para conducirlo, guiarlo.

Entonces, la privacidad no es sólo la protección de los datos, es mucho más que eso. Pienso, sobre todo, en la necesidad de proteger a las infancias de ese nivel de exposición que pide la industria. Como dije en el artículo que escribí para el libro de NIC Argentina por los 35 años de Argentina en internet, debemos tener privacidad para crecer en libertad.

En línea con la privacidad, la protección de datos tiene un rol importante y es por eso que el desafío de cómo regularla merece un debate amplio, abierto y serio. En noviembre de 2022, la Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP) de Argentina presentó el nuevo Proyecto de Ley de Protección de Datos Personales, que esperemos sea debatido, aunque teniendo en cuenta que es un año electoral, lo veo difícil.

Finalmente, para garantizar una real protección de datos personales, la seguridad de la información debe ser robusta. Sobre este tema, Marcela Pallero, con quien hablé hace un tiempo, explica cuáles sobre los desafíos actuales para la seguridad de la información 🎬 (seguridad informática) y qué pueden hacer las personas, desde sus diversos roles, para mejorar la prevención en esta materia. Usuarixs, organizaciones e instituciones, y el Estado.

Sobre ciberseguridad y la industria del cibercrimen, recomiendo leer las notas de Juan Brodersen para entender mejor sobre la complejidad de estos temas y por qué es necesario que desde los propios Estados se invierta y se garantice la investigación en seguridad de la información (y que no se persiga a la comunidad de seguridad informática, claro).

Durante el Mundial, pudo verse cómo los derechos de propiedad intelectual impidieron compartir en internet los distintos videos que había de jugadas y goles emocionantes. El deporte, y sobre todo el fútbol en países como Argentina, es parte de la cultura, aunque la industria y el negocio intenten convencernos de lo contrario. El desafío es poner en discusión los derechos de propiedad intelectual desde un enfoque de derechos humanos que garantice el derecho a la libre participación en la vida cultural.

🙃 Como dije, no es mi intención robarte mucho más tiempo. Quedan muchos otros temas que merecen atención y serán un desafío, como es el caso de los impactos sociales de la Inteligencia Artificial, cada vez más extendida y con la necesidad de un abordaje interdisciplinario para hacer evaluaciones de impacto antes de aplicar tecnologías que puedan ser dañinas para un conjunto de la sociedad.

Quedarán para un próximo correo.

Aprovechando el tema de la desconexión digital, les comparto esta ponencia de 2019 sobre el Derecho a la Desconexión Digital en el Congreso Sobre automatización, Videovigilancia y control de los trabajadores y protección de datos.

En 2021, con mi amiga Sofía, trabajamos durante varios meses con una organización de México para guiarles en el proceso de implementar el derecho a la desconexión digital de sus trabajadoras (eran casi en su totalidad mujeres) porque uno de sus objetivos de ese año, en el que todavía estábamos transitando la pandemia por coronavirus, era establecer un equilibrio entre vida personal y laboral.

Algo que suele pasar debido a las posibilidades que nos han brindado las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC) es que podemos estar permanentemente conectadxs. Sin embargo, esa posibilidad se convirtió en mandato. Solo por el hecho de poder hacerlo se interpreta que debemos estar permanentemente disponibles si nos escriben del otro lado, sobre todo si lo hacen a través de las mensajerías instantáneas. La idea de que el mensaje llega al instante se convirtió en que quien recibe el mensaje debe responderlo al instante. Por eso suele pasar que alguien diga: «Te vi en línea y te escribí».

Luchar por el derecho a la desconexión es reconocer que, aunque podamos, no debemos estar disponibles todo el tiempo si no queremos y si no nos corresponde. Y ese derecho no puede ser una búsqueda individual sino una lucha colectiva que busque garantizar este derecho para todas las personas.

Desconexión total.

A pesar de que el concepto del derecho a la desconexión se aplica principalmente al entorno laboral, me permito invitarnos a reflexionar sobre la necesidad de aplicar el derecho a la desconexión digital (y analógica) en todas las esferas de nuestra vida.

Esto quiere decir, derecho a desconectarnos también de las redes sociales, de los correos electrónicos, de los mensajes de familiares y amistades, derecho a desconectarnos de temas que no nos interpelan por más que sean socialmente populares en algún momento, derecho a apagar el teléfono, a no ver todo lo que se publica, todo lo que dice, se escribe, se muestra.

De alguna manera, esa desconexión de todo lo otro, sirve también para conectarnos con nosotrxs y con lxs otrxs desde otro lugar, quizás menos acelerado, un poco menos demandante y sin actualización permanente. Creo que esta época es buena para pensar y pensarnos desde ese lugar también.


📚 Para leer

Hace unos años me crucé con unas noticias de España en los que se decía que debido a los derechos de propiedad intelectual podía verse afectada la creación y circulación de los memes. Por suerte, eso parece no haberse podido sostener, porque se priorizó el derecho a la libertad de expresión, dentro de lo que se encuentra la parodia y la sátira, que tanto caracterizan a los memes.

Para reconocer el valor que los memes se merecen, también en la política por su contenido crítico, les comparto este artículo que escribió Nicolás Canedo, licenciado en Comunicación, docente de semiótica (UBA) e investigador de memes y política.

¡No tiene desperdicio!

Ahí va el Capitán Beto. La presidencia de Alberto Fernández mirada a través de los memes. Pueden leerlo acá.

Espero te haya resultado interesante este correo. Cualquier información, comentario o sugerencia que tengas, podés escribirme. A mí también me gustaría recibir un mensaje tuyo.

¡Que tengas un lindo enero y un excelente comienzo del año!
El 3 de diciembre pasado, DHyTecno cumplió 5 años. Increíble cómo pasaron tan rápido. Si sigo -y seguimos- es por personas como vos que leen y bancan.

Gracias por estar ahí ☺️

Carolina

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Filtros

Telegram Sumate a nuestro canal de Telegram